Cerezas de café maduras recién recogidas, saliendo de un canasto

Sobre nosotros - ALBOR Coffee

Nuestra historia

Nacimos al albor

Somos una familia caficultora de tres generaciones en Marsella, Risaralda, en el corazón del Paisaje Cultural Cafetero. ALBOR lleva ese estándar a tu taza: cafés elegidos con cuidado, cada uno con un nombre y un origen detrás.

Una cafetera de vidrio para café filtrado, una taza de cerámica con café y una rama de café con cerezas maduras

El nombre

Por qué nos llamamos Albor

Albor es la claridad que aparece antes del sol: el momento en que la noche ya cedió pero el día todavía no empieza.

En la finca es la hora de la recolección, cuando la luz alcanza justo para distinguir el grano maduro del verde. Esa es la esencia de nuestro café.

Una mano recogiendo una cereza de café madura de la rama, con la primera luz

La familia

Tres generaciones en la misma tierra

El café se echa a perder en los detalles: un grano verde en la despulpadora, una fermentación que se pasa, un secado apurado. Nada de eso se ve en el bulto; todo se prueba en la taza.

Por eso cada paso lo hace alguien de la familia, en la misma ladera de Marsella.

Unas manos mayores entregando una plántula de café a unas manos jóvenes
La marquesina: café pergamino tendido sobre las camas de secado

“Aprender a leer la montaña toma una vida. Nosotros llevamos tres.”

La familia ALBOR

Cómo elegimos

Cafés con nombre propio

Además de nuestra propia cosecha, elegimos cafés de fincas y tostadores aliados, empezando por Don Pablo Coffee. Cada uno conserva su marca y su origen, para que siempre sepas quién lo hizo y de dónde viene.

Aplicamos el mismo estándar que en nuestra finca: si no lo serviríamos en casa, no llega a tu taza.

Una mesa de cata sobre una tabla de madera: cuencos con café tostado, una taza de café molido con su costra, una cuchara de cata y un vaso de agua

En pocas palabras

Lo que hace distinto a nuestro café

  • Recolección grano a grano. Al amanecer, cuando se distingue el maduro del verde.
  • Fermentación controlada. Revisada a mano, para que no se pase de horas.
  • Secado al sol en marquesina. Sin afán, aunque amenace lluvia.
  • Tueste en lotes pequeños. Para que cada lote conserve su perfil.
  • Suelo volcánico, neblina y sombra. Una maduración lenta que da dulzura y acidez limpia.
  • Tres generaciones de oficio. En la misma ladera de Marsella, Risaralda.
Un costal pequeño de fique con café verde, abierto, con granos derramados y una pala de madera

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